lunes, 31 de enero de 2011

Vana historia



Si no recuerdo mal, todo cabía
entre los horizontes de un pañuelo.
Entonces figuraba el mediodía
un sol con ojos en mitad del cielo.

Y gracias a una tierna hechicería
la noche prodigaba su consuelo
con tanta caridad que uno veía
las estrellas tiradas en el suelo.

Pero hoy el agua no lo dice. Es cierto:
ya no se pone un corazón dorado
ni roba añiles a la golondrina.

Porque el mundo hechizado está desierto.
Qué dolor, sobre él se ha desatado
el Miedo con sus trapos de neblina.
 Maria Elena Walsh

Cosas que me susurran XII


Que nada te opaque
Mariano .-

Tanto por decir...


Sin querer, este es el ultimo dia de enero. Cinco meses atras, con una amiga, empezamos a contar el tiempo que nos faltaba para terminar la escuela. Y para comenzar a andar otros caminos de la vida. Entonces, cuando supe que faltaban quince meses, queria que el tiempo pasara ya mismo. Queria irme de Segui, de mi casa, de todo lo que me rodea. Mañana, cuando sea el primer dia de febrero, faltaran diez meses. 
Pero mi deseo de irme ya no es tan fuerte. Siento que en mi casa ya no hay espacio para mi. Y no hablo de gustos o preferencias. Sino de mi, como un todo. Aqui no tengo nadie con quien hablar. Aunque sea de cosas superfluas. Nadie con quien tomar un mate, a quien hacer un chiste. Y cuando hablo con mis padres, lo hago mas por culpa y obligacion. Cuando lo hago, no puedo dejar de sentir que estoy actuando. Que no soy yo. 
Siempre he tratado de superarme, de cumplir sueños, metas. Pero estos dias los he sentido grises. Muy grises. Quisiera abrazar a mis amigos y quedarme alli. Sin tanta presion sobre mi. "Todo esto te esta fortaleciendo" me decia Mariano ayer... Se que es cierto, pero no soy tan fuerte para recibir tantos golpes. 
Me siento sin ganas de hacer nada, con deseos de quedarme delante de la computadora como un inutil durante todo el dia. O acostarme y solo ver television. Y me enoja, porque esas cosas son las que he detestado siempre.
Creo que es momento de encontrar mas motivos por los que luchar y moverse. Tiempo de pensar la vida de nuevo. 

Ser gay en un pueblo chico...Por ejemplo, ser gay en Segui...



Dos chicas se rozan, se olfatean, se adivinan. El mundo parece un lugar ajeno, ellas bailan solas, se descubren iguales o casi diferentes, el lugar está repleto de gente, pero ellas se sienten solas, por eso bailan, por eso se miran, por eso se desean. En la semioscuridad que da el humo y el anonimato, las chicas se buscan y se encuentran. Pero la noche termina, la luna se guarda los besos para otro día y de nuevo a la cama, solas, separadas, con el deseo latiendo entre las piernas.
Es de día y hay que ocultar, hay que mentir, disimular, aparentar. Los pueblos no son aptos para homosexuales, la sociedad no quiere mirar, no le gusta, dios y la virgen son testigos, y tienen sus verdugos controlando la ciudad.  Lo cierto es que no hay nada dramático, ni espantoso, ni extraordinario detrás del velo que cubre lo gay, entonces ¿por qué tan poca visibilidad gay en ciudades chicas?. No se trata de salir corriendo a gritar “soy gay!”, ni colgarse un cartel con idéntica frase en la frente; pero ¿dónde están los espacios para que dos chicos puedan besarse libremente?, ¿para que dos chicas caminen de la mano sin ser observadas?. Sepámoslo, los pueblos y ciudades chicas rebalsan de gays y lesbianas.
Ser homosexual en un pueblo es como ser zurdo en un mundo de diestros, ser enano en un país de gigantes, ser serio en un universo de divertidos; y todos los diestros, los gigantes y los divertidos son daltónicos en un mundo lleno de colores. 
Ser gay y no morir en el intento –suena a cliché y esa es la cuestión-, en los pueblos de la República y en las ciudades con alma de.  No es novedad, la comunidad gay está en aumento y la invisibilidad es la cruz a cargar por los homosexuales de ciudades chicas. 
No es lo mismo ser gay en Rosario, Capital Federal o Córdoba, que serlo en una ciudad chica, donde todos -o muchos- conocen tu nombre, tu familia, tu historia (y si alguien no la conoce, siempre existe el primo del amigo de tu hermano que sí). Esa familiaridad constante que para muchos puede significar contención, para tantos otros no es más 
que una opresión eterna. Por eso muchos eligen el exilio a grandes urbes, ahí donde las sexualidades comienzan a ser un fenómeno de libertad. Mudarse de un pueblo a una jungla de cemento es complicado, pero muchas veces suele ser la mejor solución contra la homofobia de añejas raíces. Del “qué dirán” al “qué me importa” sólo hay unos kilómetros
de distancia, la primera frase bajo la atenta mirada de una ciudad que vigila y, muchas veces, corrige -o eso intenta-; y la segunda, bajo una ciudad que transforma al sujeto en apenas una célula anónima entre la multitud, y entonces el ‘qué me importa, si nadie me conoce’ se convierte en un juego peligroso y vivaz.  ¿Y qué hay de aquellos que no pueden irse? ¿que no quieren irse?, una posible enmascarada soledad y un arduo trabajo que consiste en afinar el ojo, solamente para detectar pequeños detalles en otros humanos con iguales placeres.

Invisibilidad
En una cultura machista, sexista y heterosexual como la que vivimos, a una persona se le dificulta construirse plenamente como sujeto sexuado, porque para hacerlo requiere no sólo de una decisión personal sino de una consolidación social con la que le es difícil contar hoy (por eso muchos eligen irse); y es a través de esa consolidación donde el sujeto podrá fundar su identidad. Ya sabemos que lo que no se nombra no existe, y quizás sea hora de empezar a nombrar, aunque aquella consolidación esté lejísima de nuestra sociedad. 
Reconocerse gay en una ciudad chica equivaldrá a la etiqueta de “el puto” o “la lesbiana”, no importa el nombre, siempre será “la que atiende la caja de… que es lesbiana, viste?” o “el peluquero de la calle tal, que es re puto”. En las ciudades pequeñas, la mayoría de los homosexuales desarrollan estrategias de supervivencia. Algunos se casan, otros estacionan su auto a dos cuadras de la casa de su amante para que ningún vecino registre ese encuentro (cual amantes heterosexuales), y como última instancia de amor, muchos recurren a las relaciones virtuales por Internet. 
Los gays son invisibles. En las ciudades chicas a los homosexuales no se los ve, se los sospecha. Pasan a nuestro lado y se susurra, se habla de aquel “trava”, de ese médico que nunca se casó y por eso se murmura, y no falta esa profesora de gimnasia de la cual todo el mundo comenta.  Cuando el dedo acusador deje de someternos a esa ficticia vergüenza, los pueblos serán ciudades (todavía hoy se mantienen vigentes, en muchas provincias, códigos de faltas y  contravenciones dictados por gobiernos militares que asocian homosexualidad con delito).
La visibilidad gay no es un asunto de exhibicionismo, sino de actitud política, y mientras esa visibilidad no se haga elocuente en las ciudades chicas, muchos de nuestros adolescentes seguirán sintiéndose extraños, bichos de otro planeta, intentando ser corregidos por una sociedad que no duda en rotular de maricón o marimacho, sin tener en cuenta la estigmatización que eso conlleva.

M. Laura Flores 

domingo, 30 de enero de 2011

♪♫ American Life ♪♫


¿Tengo que cambiar mi nombre?
¿Me llevará lejos?
¿Debería perder algo de peso?
¿Voy a ser una estrella?

Intenté ser un chico,

Intenté ser una chica
Intenté ser un desastre
Intenté ser la mejor
Imagino que lo hice mal
Es por eso que escribí esta canción
Este tipo de vida moderna - ¿Es para mí?
Este tipo de vida moderna - ¿Es gratis?

Así pues, entré a un bar buscando simpatía

Un poco de compañía – intenté encontrar un amigo
Es más fácil decir que siempre ha sido igual
Este tipo de vida moderna - ¿No es para mí?
Este tipo de vida moderna - ¿No es gratis?

Vida americana

Vivo el sueño americano
Tu eres la mejor cosa que he visto
No eres solo un sueño

Intenté permanecer adelante, intenté permanecer en la cumbre

Intenté interpretar el papel, pero de alguna manera la olvidé
Solo para qué lo hice y porqué deseé más
Este tipo de vida moderna - ¿Es para mí?
Este tipo de vida moderna - ¿Es gratis?

¿Tengo que cambiar mi nombre?

¿Me llevará lejos?
¿Debería perder algo de peso?
¿Voy a ser una estrella?

Vida americana

Vivo el sueño americano
Tu eres la mejor cosa que he visto
No eres solo un sueño

Intenté ser un chico, intenté ser una chica

Intenté ser un desastre, intenté ser la mejor
Intenté encontrar un amigo, intenté permanecer adelante
Intenté permanecer en la cima

¿Tengo que cambiar mi nombre?

¿Me llevará lejos?
¿Debería perder algo de peso?
¿Voy a ser una estrella?

¡Al diablo… Sí al diablo!


Estoy bebiendo un latte de soya

Me tomo un trago doble
Entra directo por mi cuerpo
Y sabes que estoy satisfecha

Manejo un mini cooper

Y me estoy sintiendo súper bien
Dicen que soy un soldado
Y sabes que estoy satisfecha

Hago yoga y pilates

Y el cuarto está llena de divas
Así que estoy revisando los cuerpos
Y sabes que estoy satisfecha

Estoy descubriendo los isótopos

Está mierda de la metafísica es droga
Y si todo esto me puede dar esperanza
Tu sabes que estoy satisfecha

Tengo un abogado y un representante

Un agente y un chef
Tres nanas, un asistente
Y un chofer y un jet
Un entrenador y un mayordomo
Y un guardaespaldas o cinco
Un jardinero y un estilista
¿Piensas que estoy satisfecha?

Me gustaría expresar mi punto de vista extremo

No soy cristiana y no soy judía
Solo estoy viviendo fuera del sueño americano
Y acabo de comprender que nada
Es lo que parece.
Madonna

jueves, 27 de enero de 2011

Interaccion comunicacional

 
Edward Hopper, Excursion into philosophy, 1959
 
Sí, dijo esa noche con el vaso de ron vacío, después de
la conversación que derivó en temáticas no adecuadas
para el fin sexual que la reunión tenía como propósito:
porque después del diálogo, después de comprar el diario
de madrugada al chico de 6 años, después de años de
no comer monedas de chocolate, después de ella y de mí
es decir después de nosotros que parecíamos para siempre
la idea de llegar hasta su cuarto a desordenar las sábanas
empezaba a convertirnos en objetos: quizá por eso la deci-
sión de tomarla de la mano en calle Mitre y caminar hasta
Alem, para subirme al colectivo y dejarla ahí en la esquina
parada, diciendo ahora con la mirada un auténtico sí, un sí
legítimo: el sí que había sido no empezaba, con sus íconos
gestuales o metalingüísticos, en el momento menos indicado
a ser sí: la palabra del otro, el habla ajena introducida en otro
contexto, sea cual fuere la exactitud de su transmisión, se ve
sometida, siempre, a determinadas modificaciones semánticas:
cuando yo recupero el sí que dijo, inevitablemente dejo fuera
una constelación de lo que también dijo con sus ojos: quiero
decir que el lenguaje nunca tuvo la facultad de ser la forma
absoluta del pensamiento: lo supe después, cuando ella quedó
sola en la esquina diciendo sí, mientras yo me preguntaba
sobre la ventanilla de la 500 cómo se lee una mujer.

Ignacio Uranga
(Bahia Blanca, 1982)