viernes, 17 de diciembre de 2010

Cosas que me susurran VIII



Y uno de esos defectos es "no animarte a decir lo que queres". Bahh, antes ahora veo que lo estas haciendo...y me parece perfecto... Si no es ahora...¿cuándo?
Janet .-

Aprovecho este post, para decir que pese a todos mis enojos, idas y vueltas, junto con esta personita hemos sabido construir una amistad que nos hace entendernos y poder caminar. 

♪♫ Amor se llama el juego ♪♫



Nunca, ya, siempre , dibujo de Joaquin Sabina
Hace demasiados meses
que mis payasadas no provocan tus
ganas de reir.
no es que ya no me intereses
pero el tiempo de los besos y el sudor
es la hora de dormir.
duele verte removiendo
la cajita de cenizas que el placer
tras de si dejo.
mal y tarde estoy cumpliendo
la palabra que te di cuando jure
escribirte una cancion.
un dios triste y envidioso
nos castigo
por trepar juntos al arbol
y atracarnos con la flor de la pasion
por probar aquel sabor.
el agua apaga el fuego
y al ardor los años,
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño.
y cada vez peor
y cada vez mas rotos
y cada vez mas tu
y cada vez mas yo
sin rastro de nosotros.
ni inocentes ni culpables
corazones que desbroza el temporal,
carnes de cañon.
no soy yo, ni tu, ni nadie,
son los dedos miserables que le dan
cuerda a mi reloj.
y no hay lagrimas
que valgan para volver
a meternos en el coche
donde aquella noche en pleno carnaval
te empece a desnudar.
el agua apaga el fuego
y al ardor los años,
amor se llama el juego
en el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño.
y cada vez peor
y cada vez mas rotos
y cada vez mas tu
y cada vez mas yo
sin rastro de nosotros.

                                         Joaquin Sabina

jueves, 16 de diciembre de 2010



                                                     Quiero que alguien me ame
                                                     Por lo que soy
                                                     Quiero que alguien me necesite
                                                     ¿Es eso tan malo?
                                                      Estoy mirando más allá de toda la locura
                                                      Pero eso es todo
                                                      Pero quiero que alguien me ame
                                                      Por lo que soy.
                                                                                                       Nick Jonas, Who I am

Okupados (Por Juan Martini)


En 2001 yo estaba escribiendo Colonia, una novela que es algo así como una representación a escala (todo transcurre en una incierta institución uruguaya) de un sistema social y sus taras. Pero de pronto, como la señal más intensa de que la convertibilidad de Domingo Cavallo se caía a pedazos y dejaba violentamente a la vista el desquicio y el empobrecimiento social que había producido, las plazas fueron tomadas por gente sin trabajo y sin techo, y poco después la ciudad entera era un aquelarre. La crisis estalló con 39 muertos en la Plaza de Mayo y el Congreso. Entonces dejé de escribirColonia y escribí Puerto Apache. En ese libro, hoy inconseguible, se cuenta la ocupación de varias hectáreas en la zona norte de la Reserva Ecológica, pegadas al Yacht Club. Gente de otras villas y gente sin un lugar dónde dormir se apoderaban del terreno, loteaban y se daban las bases de un orden, tal como como hoy lo han hecho los ocupantes de Soldati. En aquel momento no estaba Macri, ni para mandar a su enclenque Policía Metropolitana ni para hacerse el arrepentido después y mandar 40 (¡40!, como si fueran demasiados para más de 1000 familias) baños químicos. Puerto Apache pasó sin pena ni gloria entre críticos y suplementos. Sólo le prestaron atención los lectores que siguen esperando que la ficción tenga que ver con algo más que con la volubilidad de sus autores. Y no fueron pocos. Pero los iluminados de siempre no sólo acusaron al libro de innecesario sino que además señalaron que la tapa (un hombre y un chico cartoneando) espantaba lectores porque ya nadie quería oír ni leer una sola palabra más sobre la crisis.
Todavía no se sabe bien ni cuántas personas ni cuántas familias son. Todavía no se sabe bien ni cuántos heridos ni cuántos muertos hay en el Parque Indoamericano de la ciudad de Buenos Aires. Las cifras iban de 200 a 1500 familias. Y de tres a cuatro muertos. Pero el último tampoco se sabe bien. Tres muertos, entonces, ¿y un muerto desaparecido? ¿Y sus nacionalidades? Seguro que hay argentinos, gente procedente de otras villas y gente sin techo. Seguro que hay bolivianos y paraguayos. Y que los muertos son de ellos: de los extranjeros. Ya tampoco se sabe bien cuáles son las palabras políticamente correctas para nombrarlos. Pero seguro que no son las de Mauricio Macri, que acusó de la usurpación a las mafias del delito y el narcotráfico. Porque esto sí se sabe: Macri es xenófobo, autoritario y de armas pedir.
Aníbal Fernández, el jefe del gabinete nacional, lo acusó entonces de incitación a la violencia. Pero ¿queda exento el jefe de gabinete de la incitación cuando manda a la Policía Federal para que colabore con la Metropolitana en el desalojo del Parque? Y si no está exento, Aníbal Fernández, y esto le cuesta la renuncia que aparentemente le pediría la presidenta, ¿quién se la pide a Macri?
Esta es la realidad.
O es lo que parece.
Una realidad que se dibuja según el diario que se lea y, sobre todo, según quiénes sean los voceros de la derecha liberal, que es el segmento político dominante en los medios. No en vano Mario Vargas Llosa (con ese sentido inalterable de la oportunidad que lo llevó a perder las elecciones de 1990 en Perú y lo obligó a un regreso vergonzante a la literatura) dijo un día antes de su discurso de aceptación del Premio Nobel en Estocolmo: “Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas pseudo democracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua”.
Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, respondió con un protocolar sentido de realidad que Vargas es un político fracasado.
La literatura argentina, en los primeros diez años del siglo, ha dado pocas muestras de interés o de sensibilidad por la llamada realidad política. Y en general la mayoría de esas muestras no salió bien parada en el juicio de un campo intelectual minado por la posmodernidad y por sus propias confusiones. En uno de los extremos más razonables de la renuncia a los relatos sociales se encuentra sin duda La villa, de César Aira, publicada en 2001, un ejercicio que intenta combinar las ideas de Aira sobre la ficción pura con el realismo. Otros libros se internaron en historias de raros amores, extravagantes personajes o alternativas fantásticas y paródicas. Sin hablar de los libros celebrados por el liberalismo de derecha por ser políticamente incorrectos.
Apenas ocho años después, en otro marco institucional, vuelve a estallar una crisis: gente en la calle o que quiere migrar de villas hiperpobladas, nativos y extranjeros, ocupan un predio cubierto de malezas y yuyos que lleva el nombre pomposo de Parque Indoamericano. De inmediato fueron agredidos por la Policía Federal, por la Policía Metropolitana, y por los sectores más temibles de los vecinos de Soldati.
Tres muertos confirmados.
Un muerto desaparecido.
Muchos heridos.
Un hombre con la cara destrozada que llenó las pantallas de los televisores…
Y entonces:
¿Quién gobierna Buenos Aires?
¿Realidad y ficción no tienen nada que ver?
Los escritores argentinos ¿están ocupados?
¿O quizás habrá que esperar que los jóvenes y muy jóvenes escritores terminen de reprogramar el escenario en el que transcurrirá por fin la literatura argentina de hoy?

Juan Martini .-

miércoles, 15 de diciembre de 2010

...pAlAbRaS dE dEsCarGo...



No se si la persona a la que estas palabrillas, entre tantas, van dirigidas leerá esto. Pero si estoy seguro de cuan necesario me es decirlas. 
Hoy, alguien cercano y querido, expreso lo que sentía. Comento que sentía a un compañero de aula como un "Hermano mayor" por sus comentarios hacia el. Comentarios como "Cállate mariquita" que, según el, lo ayudan a cambiar. 
Cada uno puede identificar a las personas como quiere. Pero me tomo el atrevimiento que el cariño me da. para expresar que no creo que eso sea lo mas acertado. Nunca una persona que te haga callar, ni que te trate despectivamente puede tener un vinculo fraternal contigo. Quizas un hermano lo hace algunas veces, en enojos o peleas, pero no lo hace a cada momento. Ni esas palabra, mariquita por ejemplo, deben estar destinada a cambiar algo. ¿Cambiar que? Esa es la gran pregunta que me queda... Nadie puede cambiar quien es. Todos debemos sentirnos orgullosos de nosotros mismos. Porque sin esa cuota de autoestima no se puede andar por la vida. Y por cierto, le digo a esa persona que en todo caso tiene en este grupo de amigos varios hermanos mayores listos para ocupar ese rol...

Los obstáculos y la creatividad


Se me ocurre que estos dos sustantivos van bien juntos. Si algo he aprendido con el tiempo es que ante un obstáculo uno debe poner su creatividad. Un obstáculo es algo que sucede fuera de lo común. Por la tanto, es algo raro, diferente. Y lo diferente nos abre puertas a proponer nuevas soluciones y formas de hacer las cosas. La palabra crisis, decía Einstein, en chino significa también oportunidad. Y nada es casualidad. Una crisis es una oportunidad.
En junio de este año, cuando en la Red de Jóvenes se nos aviso que el Encuentro Provincial de Jóvenes Protagonistas no se iba a poder hacer, surgió la idea de en su lugar hacer un Foro. Y esto termino siendo mas fructífero.
Cuando hoy a la tarde, Goyi no fue a la radio y nos quedamos sin "aire radial", lanzamos al aire nuestras palabras en improvisada ronda. Y la gente nos miraba extrañada de esas personas que se juntaron en ronda a hablar de Navidad, fin de año, las despedidas y el hogar de ancianos.
Cada problema es simplemente un desafió.

martes, 14 de diciembre de 2010

La vida noble



Los hombres vulgares –decía Ortega- están siempre satisfechos de sí mismos. Dan por buenos sus gustos, preferencias y opiniones, sin reflexionar demasiado. No se exigen nada, no se remiten a instancias superiores, se conforman con lo que buenamente encuentran en su cabeza y están encantados de ser como son.
Por el contrario, los hombres excelentes viven exigiéndose. No le encuentran sabor a la vida si no la ponen al servicio de una empresa superior o trascendente. Estos hombres desestiman lo que no les cuesta esfuerzo y sólo aceptan como digno de ellos lo que aún está por encima y les reclama un estirón para alcanzarlo. Ésta es la vida como disciplina: la vida noble.

Crónicas del Ángel gris - Alejandro Dolina